¿Se puede morir de viejo?

La reina murió pacíficamente en Balmoral esta tarde». Con este mensaje el Palacio de Buckingham comunicó, el pasado 8 de septiembre, el fallecimiento de Isabel II, a sus 96 años, sin informar una causa específica de muerte.

Públicamente, tampoco se conocía que la monarca padeciera alguna enfermedad potencialmente fatal, e incluso dos días antes de su deceso recibió, de pie apoyada en su bastón, a la primera ministra británica. Las circunstancias de la muerte de Isabel II han abierto un debate: cuando una persona muy anciana muere sin un motivo obvio, ¿los médicos igualmente deberían intentar identificar la causa del deceso, o es aceptable decir que esa persona murió de vieja?

Éste es un tema muy instalado en la sociedad japonesa –una de las más longevas del mundo–, donde los médicos se inclinan cada vez más por esta última respuesta. De hecho, el año pasado, la tercera causa de muerte más común en Japón fue el «rosui» –palabra que combina los términos «deterioro» y «ancianidad» y suele traducirse como «morir de viejo»–, el que explica la causa de muerte de más de uno de cada diez japoneses.

«Hoy en día, si una persona tiene varias complicaciones médicas, pero es muy anciana, simplemente decimos que murió de vieja», explica Akihisa Iguchi, gerontólogo y profesor emérito de la Universidad Nogoya. Dice que las familias suelen aceptar sin problemas esa explicación. «Es el tipo de muerte que en Japón se consideraría ideal»

Pero Japón es un caso aparte. La vejez no figura en la lista de las diez principales causas de muerte a nivel global de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni en la lista de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

En la última versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS –que los médicos también utilizan para identificar causas de muerte– apareció por primera vez la vejez. Aunque, ante las críticas de quienes consideraban que incluir ese término estigmatizaba a las personas mayores, la OMS lo reemplazó por «disminución de la capacidad intrínseca asociada con el envejecimiento».

Pero el debate excede lo estadístico, sino que también atañe a las decisiones que enfrentan familiares y médicos cuando una persona muy mayor se vuelve frágil y el deterioro se acelera, tal vez por una sumatoria de dolencias que, por separado, no serían letales. Es entonces que hay que decidir hasta qué punto intervenir o qué tan invasivo debe ser el tratamiento de esas dolencias, para también garantizar el bienestar de la persona.

Poner el nombre de una enfermedad en un certificado de defunción —por ejemplo, neumonía, que es frecuente entre los adultos mayores— de inmediato suscita dudas sobre lo que se hizo o pudo hacerse para tratarla. Morir de viejo, en cambio, sugiere que el resultado era inevitable. El Palacio de Buckingham no ha revelado cómo encaró la familia de la reina esas decisiones. Pero en Japón muchos notaron que la monarca siguió con sus actividades hasta casi el final, antes de morir plácidamente en su cama.

En su última aparición pública, dos días antes de su muerte, la reina recibió, sonriendo y de pie, apoyada en su bastón, a la flamante primera ministra del Reino Unido. «No fue algo trágico, sino el término natural de la vida. Es el tipo de muerte que en Japón se consideraría ideal», dice Kazuhiro Nagao, médico de Japón especializado en cuidados paliativos. El especialista afirma que el rosui no es una enfermedad, sino el fin natural de la vida. «Es parte de la cultura japonesa y también podría ser parte de la cultura universal», comenta.

Fuente: Emol.com –

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